REGENERACIÓN DE LA CIUDAD Y EL CUERPO

Regeneración de la ciudad y el cuerpo: Epidemia, intimidad y espacio común


Omayra Rivera Crespo, Ph.D
Doctorado en Arquitectura
Lasalle Universitat Ramon Llul 2011
https://earq.uprrp.edu/omayra-rivera-crespo/

Etimológicamente el término epidemia se compone del prefijo epi que significa sobre, y el sufijo demia, que al igual que demo significa el pueblo, es decir, es algo que está sobre el pueblo, que es extranjero y se instala en un lugar. El término pandemia, sin embargo, se compone del prefijo pan que significa todo. En el contexto actual se refiere a una enfermedad que se extiende a todo el pueblo. La relación entonces con el lugar y el colectivo es directa, como también la forma en que se instala y se extiende desde lo íntimo hacia lo público, y viceversa.

La filósofa, escritora y guionista estadounidense Susan Sontag en su libro La enfermedad y sus metáforas, El sida y sus metáforas hace referencia a la gran cantidad de comparaciones, mitos y prejuicios que se pueden desarrollar a partir de las epidemias. La referencia etimológica en sí arroja luz sobre la connotación que puede tener la epidemia como algo que llega de afuera, que no tiene que ver “conmigo”, con el individuo. Es una realidad negada, ignorada, de la que se trata de huir. Según Albert Camus en su novela La peste la epidemia o “La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto, el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar.”1 Se huye mediante la separación, pero luego se huye señalando al otro, al extraño, al que no pertenece y es sospechoso de contagio, y se establecen barreras, se segrega y se intenta erradicar su presencia en la ciudad.

La pandemia entonces, al apoderarse de todo, condena al espacio común o público, asociado a la aglomeración y la congestión, como al lugar precario que alberga la enfermedad. Sontag explica que “Se pensaba que el barrio pobre «engendraba» la tuberculosis. Fue en los años cincuenta que se cambió la tuberculosis por el cáncer en la retórica urbanista. La «villa miseria» es un cáncer que se extiende insidiosamente, y a la instalación de gente de otro color o de gente pobre en barrios de clase media se le llama «invasión», una metáfora del cáncer y del lenguaje militar; las terminologías coinciden.2 Sanear la ciudad implica desplazar al otro o a su forma de vida. Por eso en la ciudad moderna predomina la división de funciones y la uniformidad, ya que el molde o la máquina en la que todos deben encajar es sinónimo de pulcritud.

Sin embargo, existen los matices, esos que superan las estadísticas y se observan desde el cuerpo al espacio doméstico y a la ciudad. La presencia del cuerpo, y su relación con otros cuerpos, delimita el espacio. Sea esta relación cercana o distante, visual o táctil, se apoya de la existencia de elementos de transición. El arquitecto Jacob Berend Bakema sostenía que “En la

ciudad, considerada como organismo vivo, el usuario puede entender y comparar directamente las distintas alternativas del hábitat que se le ofrecen en el suelo, sobre el horizonte y en los elementos de transición del uno al otro.” 3 Estos elementos pueden ser, caminos, pavimento o umbrales, que a su vez son puntos de referencia o hitos en el espacio.

Elementos de transición: Boceto de Jacob Berend Bakema

Elementos de transición: Boceto de Jacob Berend Bakema. Imagen suministrada por la autora.

Desde el umbral de lo doméstico se han podido observar, durante la pandemia del COVID-19, los conciertos desde la ventana, la puerta o los balcones, las compras de alimentos de vecinos solidarios a adultos mayores o afectados por la enfermedad que viven solos, y las visitas de las maestras para celebrar la graduación de sus alumnos. Esa red de relaciones se ofrece en comunidad, en un entorno colectivo, y establece una nueva manera de relacionarse, pero también de identificarse y comprender el espacio que trasciende los límites de la intimidad. La urbe facilita estos encuentros por la movilidad de los transeúntes, además de que las calles y las aceras pueden transformarse fácilmente en extensiones de las salas de estar y las habitaciones. El espacio doméstico también se amplía cuando el supermercado, al estar a pasos, se convierte en una extensión de la alacena en la cocina. De forma análoga ocurre con el espacio virtual que se convierte en una nueva manera de comunicarse desde el ámbito de lo privado, pero sin ofrecer la posibilidad de comprender los límites que nos ubican en el espacio e incluso el tiempo.

Joan Delgado, arquitecto y músico, cantando desde su ventana en Barcelona

Joan Delgado, arquitecto y músico, cantando desde su ventana en Barcelona. Imagen suministrada por la autora.

Desde los elementos de transición, aun cuando su presencia se acentúe por la epidemia, no debe existir espacio para negar ni mucho menos para suprimir la otredad o demonizar la ciudad. Y para distinguir estos elementos tampoco debe existir espacio para la uniformidad y la segregación. La calidad del habitar permite las diferencias, la libertad de movimiento y de elegir los momentos de retiro y los momentos de encuentros, aunque transcurran desde un umbral. Los arquitectos Anne Lacaton, Jean Philippe Vassal y Frédéric Druot afirman que “Las condiciones para construir ciudad residen en el principio fundamental de producción de la calidad del habitar, de las situaciones de gran confort y, al mismo tiempo, de la densificación del territorio. Estas ambiciones deben ser interdependientes y simultáneas…4 Suprimir opciones o intentar igualar patrones de vida atenta contra el confort y la naturaleza misma del ser humano. Asimismo, la exclusión selectiva o de tabula rasa provoca la ruptura de una red de relaciones que, aunque parecen ser sustituidas por el espacio virtual, éste es tan sólo un simulacro de la realidad.

Tal como proclaman Lacaton, Vassal y Druot “En esa aproximación a la ciudad y a cómo habitarla, nuestra actitud consiste en no derribar, ni deshacer, ni cercenar lo que está vivo, sino al contrario, en reforzar, contribuyendo así al equilibrio de las estructuras urbanas existentes.5 Sanar, reparar o regenerar el cuerpo no es posible derribando las relaciones sociales en, desde o hacia los espacios públicos, ni confundiendo densificación que delimita el territorio con congestión que debe ser erradicada. La ciudad se regenera desde el cuerpo que a su vez encuentra alivio en el acompañamiento y la empatía de la vida en comunidad.

Desde el umbral de lo doméstico se han podido observar, durante la pandemia del COVID-19, los conciertos desde la ventana, la puerta o los balcones, las compras de alimentos de vecinos solidarios a adultos mayores o afectados por la enfermedad que viven solos, y las visitas de las maestras para celebrar la graduación de sus alumnos. Esa red de relaciones se ofrece en comunidad, en un entorno colectivo, y establece una nueva manera de relacionarse, pero también de identificarse y comprender el espacio que trasciende los límites de la intimidad. La urbe facilita estos encuentros por la movilidad de los transeúntes, además de que las calles y las aceras pueden transformarse fácilmente en extensiones de las salas de estar y las habitaciones. El espacio doméstico también se amplía cuando el supermercado, al estar a pasos, se convierte en una extensión de la alacena en la cocina. De forma análoga ocurre con el espacio virtual que se convierte en una nueva manera de comunicarse desde el ámbito de lo privado, pero sin ofrecer la posibilidad de comprender los límites que nos ubican en el espacio e incluso el tiempo.

Desde los elementos de transición, aun cuando su presencia se acentúe por la epidemia, no debe existir espacio para negar ni mucho menos para suprimir la otredad o demonizar la ciudad. Y para distinguir estos elementos tampoco debe existir espacio para la uniformidad y la segregación. La calidad del habitar permite las diferencias, la libertad de movimiento y de elegir los momentos de retiro y los momentos de encuentros, aunque transcurran desde un umbral. Los arquitectos Anne Lacaton, Jean Philippe Vassal y Frédéric Druot afirman que “Las condiciones para construir ciudad residen en el principio fundamental de producción de la calidad del habitar, de las situaciones de gran confort y, al mismo tiempo, de la densificación del territorio. Estas ambiciones deben ser interdependientes y simultáneas…4 Suprimir opciones o intentar igualar patrones de vida atenta contra el confort y la naturaleza misma del ser humano. Asimismo, la exclusión selectiva o de tabula rasa provoca la ruptura de una red de relaciones que, aunque parecen ser sustituidas por el espacio virtual, éste es tan sólo un simulacro de la realidad.

Tal como proclaman Lacaton, Vassal y Druot “En esa aproximación a la ciudad y a cómo habitarla, nuestra actitud consiste en no derribar, ni deshacer, ni cercenar lo que está vivo, sino al contrario, en reforzar, contribuyendo así al equilibrio de las estructuras urbanas existentes5 Sanar, reparar o regenerar el cuerpo no es posible derribando las relaciones sociales en, desde o hacia los espacios públicos, ni confundiendo densificación que delimita el territorio con congestión que debe ser erradicada. La ciudad se regenera desde el cuerpo que a su vez encuentra alivio en el acompañamiento y la empatía de la vida en comunidad.


1 Camus, Albert. La peste. Quito: Libresa, 1990, p.105

2 Sontag, Susan. La enfermedad y sus metáforas, El sida y sus metáforas. Zaragoza: Titivillus, 2016, p.9-10

3 Joedicke, Jürgen. La comunidad de arquitectos Van der Broek / Bakema. Barcelona: Editorial Gustavo Gili, 1978, p.31 (versión original: Architektur und Städtebau: das Werk Van den Broek und Bakema. Stuttgart: Karl Krämer, 1963)

4 Lacaton, Anne; Vassal, Jean Philippe y Druot, Frederic. “La ciudad desde la vivienda”. Actitud. Barcelona: Editorial Gustavo Gili, 2017, p.99

5 Ibidem, p.101